La Plaza Cubierta, obra del arquitecto venezolano Carlos Raúl Villanueva, es el espacio que articula los edificios de Biblioteca, Rectorado y Aula Magna de la Ciudad Universitaria de Caracas. Alberga una particular propuesta de interacción entre diferentes expresiones artísticas que, junto a la desconcertante ausencia de discurso por parte del proyectista, ha llevado a su adscripción a la poética general de la Síntesis de las Artes, pretendiendo comprender así la obra sin desglosar la riqueza de sus matices.
El conjunto que surgió indirectamente de las torsiones experimentadas por el proyecto durante su concepción, se inscribe en el campo de clausuras e indeterminaciones en el que se estructuraron las construcciones del arte de vanguardia. No obstante, su vivencia trasciende las trasmisiones unívocas, herederas del programa romántico y latentes aún en las manifestaciones de comienzos del siglo XX, por una difusa definición como plaza, por la condición de cubierta, por su paradójica designación, así como por la presencia de una arquitectura que propicia inusitadas conexiones mediante la dramatización de las emociones plásticas desde la desnudez de sus componentes.
La riqueza de significados emanada de los juegos de luces y sombras que se suceden y de la dilatada confrontación de sus sistemas espaciales sugieren un espectro infinito de interpretaciones que apelan al substrato de indeterminación propio del arte mas actual. Estas características constituyen una vertiente del arte de la segunda mitad del siglo XX que, eludiendo la luz, elogió el umbral y habitó los resquicios y pliegues de una obra abierta.
Armar la topología que urde el observador al experimentar la construcción espacial generada por Villanueva y descubrir los fundamentos constitutivos de su poética particular a partir de los documentos no textuales que estuvieron presentes en su concepción, es la ambiciosa proposición de esta Tesis. La metodología asumida parte de cuestionar la operatividad del programa contenido en los planteamientos estéticos de la Síntesis de las Artes, desarrollados en torno a una difusa teoría de la Obra Total (Gesamtkunstwerk), para abordar un ejercicio de acondicionamiento de la mirada. Desde este intento por saber ver, como lo definiera Berger, se rearma el discurso espacial del arte de vanguardia elaborado por aquellos autores que asumieron la diseminación y la percepción dilatada subyacente en las múltiples derivaciones de la interpretación.
El análisis fenomenológico de La Plaza Cubierta surge de cotejar las consideraciones dimanadas de este enfoque con el desglose de los factores y elementos que la estructuran. Este método evidencia que el objeto concebido por Villanueva no busca entregarse en un contexto ya dispuesto para el consumo, sino presentarse como un lugar de conexiones en el que la obra emerge de la participación del intérprete, quien en sus desplazamientos completa su armazón.
Se descubrirá entonces que los esquemas de los flujos establecidos por el arquitecto constituyen la base operativa de esta obra. El carácter plástico que Villanueva imprimió al dibujo de los Movimientos, como el propio autor los llama, reconoce los límites de los sistemas de representación de la Arquitectura, al mismo tiempo que expande los márgenes de expresividad del hecho espacial.
Esos trazos sinuosos que celebran el devenir y desestiman la entidad del contenedor, ensamblan un auténtico Manifiesto gráfico y esbozan la poética suspendida de un proyecto transtextual entre distintos soportes expresivos. Una topología construida a partir de una arquitectura liminar que apeló a lo más esencial de su gramática.