Josep Cercós Fransí (Barcelona, 1925-1989) desarrolló una trayectoria que, aunque hoy es poco conocida, resulta clave para comprender los procesos de renovación de la música en Cataluña durante la segunda mitad del siglo XX. En el marco del año conmemorativo del centenario de su nacimiento, esta exposición propone contribuir al conocimiento de su figura y situarla en el contexto cultural y musical de su tiempo.
Cercós, pianista y compositor, ama la gran tradición de la música clásica y, a la vez, está atento a la rotura que significa la música del siglo XX. A finales de los años cuarenta participa en los encuentros de jóvenes compositores en el Instituto Francés de Barcelona y poco después viaja al extranjero, a Suiza, para estudiar los fundamentos de la “música nueva”. Es, pues, uno de los pioneros de la vanguardia musical catalana. A finales de los cincuenta intenta vivir de la composición y prueba fortuna en Barcelona, Madrid, París y Ginebra. A finales de los años sesenta, desencantado de las dinámicas imperantes, inicia un proceso de alejamiento de la experimentación musical más rupturista.
Cercós vive una juventud y una madurez llenas de dificultades económicas en la gris Barcelona del franquismo. En este clima enrarecido se aproxima a los mundos de las artes plásticas, del ballet y del teatro, y toma conciencia, como tantos otros artistas e intelectuales del momento, de la necesidad de resistirse política y públicamente a la dictadura.
Cercós entiende la música como algo verdaderamente serio. Respeta su tradición y, a pesar de querer renovarla, se opone a algunas derivas experimentales propias de ciertas vanguardias, que considera que la violentan, y toma distancia. Su música es nueva y, a la vez, inclasificable dentro de los "ismos" musicales de aquellos años, por lo que ha sido difícil de encajarla en las historias de la música catalana. Normalizar la cultura del país implica, también, integrar caminos heterodoxos como el de Cercós.